
Gofres de Espinacas
La primera vez que trituré espinacas directamente en la masa de los gofres, no las tenía todas conmigo: imaginaba una pasta pastosa y verde oscuro. En vez de eso, las hojas casi desaparecieron y dejaron solo color y un toque mineral que combina de maravilla con la harina tostada. Diez minutos después tenía gofres del color de un prado en primavera, dorados y crujientes en los bordes, tiernos en el centro.
Lo que me convenció de esta receta no fue la novedad —cualquiera tiñe unas tortitas con colorante verde— sino que la espinaca aporta algo real: humedad, así que puedes reducir un poco el agua, y sus azúcares naturales ayudan a que los bordes se doren un tono más oscuro que en un gofre normal. La harina integral evita que la masa quede gomosa, un riesgo real en cuanto añades puré de verdura a cualquier masa.
Preparo estos gofres cuando quiero algo que sepa a capricho —al fin y al cabo, son gofres— pero que resulte más ligero que una torre de gofres de harina blanca. Combinan bien con algo untuoso: una cucharada de nata agria, una loncha de salmón ahumado o un huevo escalfado con la yema deshaciéndose entre los cuadraditos. Si en casa hay quien mira con recelo cualquier plato verde, el sabor es lo bastante suave como para que casi nadie note lo que llevan dentro.












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